Luego de 25 semanas finalmente llega el día. Pero empecemos esta reflexión desde el lunes de esa semana.

LA PREVIA

La semana de la maratón suele estar llena de tensión, dudas y, por algún motivo, nuevos dolores. Luego del susto de diciembre donde tuve que parar por un dolor en la tibia, ahora estoy paranoico, pero al mismo tiempo trato de no darle mucha importancia mientras el dolor esté en un 3 de 10. Cada dolor es como un fantasma que te persigue.

Esta semana solo tengo 3 entrenamientos: 1 easy run, 1 entrenamiento de fuerza y 1 entrenamiento de fartleks a ritmo de maratón para soltar las piernas. Los tres entrenamientos fueron bastante bien, aunque a pesar de estar en fase de taper, todavía sentía las piernas un poco pesadas, quizás por el estrés del trabajo.

El entrenamiento predice un ritmo de 5:25 para así tener un tiempo final de 3 horas y 45 minutos. Bastante optimista, la verdad. Garmin me daba un paso de 4:45 para hacer unas 4:00 horas en total. Así que decidí una estrategia intermedia entre 5:30 y 5:40, y dependiendo de cómo me sintiera, acelerar al final.

Diez segundos parecen poco, pero cuando vas sumando kilómetro a kilómetro, el final es bastante diferente. Así que mejor ir controlado.

La rutina del día de la carrera ya la tenía en la cabeza: comer bien el día anterior, dormir temprano, levantarme bien temprano, ir al baño, desayunar, tener tiempo de reposar y estar listo para salir a correr a las 9 am. El clima estaría soleado, por lo tanto, cada minuto que retrasara se transformaría en calor al final de la carrera, ya que se esperaba que subiera hasta los 15 grados.

Ya tenía la reserva de hotel para descansar mejor, ya tenía seleccionada la ropa, los geles, la estrategia y hasta el punto en donde estaría Yeli esperándonos para animarnos, cerca del kilómetro 30.

El día anterior a la carrera el clima estuvo lluvioso y frío. Aprovechamos al llegar a Barcelona para ir a buscar el dorsal a la feria. Muchísima gente esperando para entrar. Este año son más de 30 mil personas corriendo la maratón. Es impresionante que haya tanta gente corriendo una distancia tan larga.

Hasta este punto ya estaba todo listo. Solo quedaba esperar, aguantar los nervios y apretar hasta llegar a la meta. Mi objetivo era: terminar la maratón, no caminar y, en el mejor de los casos, bajar las 4 horas. En ese orden. Esta última es la más optimista, pero según el plan de entrenamiento, realista.

EL DÍA DE LA MARATÓN

El día llegó y el sol entraba directo a la habitación con el cielo azul desde bien temprano. La lluvia ya no se veía por ningún lado, así que me levanté a hacer toda la rutina. Bajamos de la habitación y fuimos a desayunar en un café cerca del hotel que abría a las siete de la mañana.

Ya se veían personas con el dorsal buscando la estación de metro más cercana para ir a la línea de salida o salir desde ahí calentando hasta Plaza Cataluña. En mi caso todavía me quedaban 2 horas para la salida, así que tenía tiempo para ir con calma.

A esa hora le escribo a Enzo, que correría conmigo, a ver si ya estaba listo. Seguidamente Sergio me llama a ver cómo me preparaba para la carrera y desearme suerte desde Tailandia. Son cosas pequeñas pero que te dan un extra de ánimo. Todo el mundo estaba muy pendiente de cómo nos iría.

Volví a la habitación y revisé que no se me quedara nada. Hice check: dorsal, geles, ticket de metro, chip. Todo ok, estoy listo. Un último abrazo y salí a tomar el metro. Eran las 8:30 y la salida es a las 9:00.

Veinte minutos para llegar a Urquinaona. Ahí ya estaba Enzo esperándome. Nos preparamos, calentamos, movemos las piernas, hacemos una última parada en el baño y nos vamos a la salida. Todo parece ir según el plan.

Repasamos y le digo que intentemos ir juntos hasta que podamos. Si en algún momento alguno se siente mejor y quiere acelerar o frenar, el otro puede seguir sin problema. Pero tratemos al principio de ir tranquilos y controlados.

LA CARRERA

Esperamos juntos a todos en el cajón. Estábamos en el grupo de 3:30, pero sabíamos que no iríamos a ese paso. La gente estaba emocionada. La salida era en Paseo de Gracia, sin duda emocionante. Los mensajes de buena suerte no paraban de llegar al móvil.

Comenzamos los primeros kilómetros con larguísimas rectas: Gran Vía, Aragón, Valencia y finalmente Mallorca con la Sagrada Familia. Hasta aquí todo bien, nos sentíamos bien. El ritmo era cómodo y había muchísima gente animando, ya que solo cruzaban la calle y veían el pelotón pasar de un lado al otro.

Había tanta gente que se podía ver cómo subía y bajaba la avenida llena de corredores. El clima hasta ese momento, perfecto. Todos resguardados por la sombra de los edificios. En este punto ya llevábamos alrededor de 1 hora y media y nos habíamos tomado el primer gel.

Por algún motivo mi cabeza tenía mentalizado que la parte más difícil eran los primeros 15k por las diferentes subidas, y que del 15 al 30, por ser bajada, podríamos ir un poco más rápido. Nada más alejado de la realidad.

Todo el tramo desde el 15 al 28 pude mantener el mismo ritmo con el que veníamos, entre 5:30 y 5:40. Pasamos la media maratón en 1:58. Teníamos 2 minutos de ventaja. En este punto empecé a desconfiar del paso que me marcaba el reloj, porque la media maratón la había marcado bastantes metros atrás. Sin embargo, no le di importancia y seguí corriendo, validando con Enzo a ver si marcaba el mismo ritmo que mi reloj.

En el kilómetro 26 veo que Enzo empieza a ir más rápido, o yo más lento. En este punto solo estoy sintiendo las piernas ya un poco pesadas. Le digo a Enzo: si quieres sigue, que yo quizás tengo que bajar un poco el paso.

Ahora que lo pienso tiene todo el sentido, ya que es el tramo en el que empezamos a ir por la playa. A pesar de tener viento a favor, el sol ya estaba bastante caliente. En este momento pensaba: bueno, quedan 4 kilómetros hasta los 30, ahí podré bajar el ritmo un poco y aguantar hasta el final.

Lo cierto es que en el kilómetro 30 tenía doble recompensa: tomarme el tercer gel y ver a Yeli, que estaba esperándonos. El kilómetro 28 y 29 se me hicieron largos. Para este momento ya empiezas a ver muchísimas personas paradas, con calambres o incluso derrotadas por no poder terminar.

Aquí empecé a recordar mi objetivo: terminar, no caminar y bajar las 4 horas. En este punto veía que si mantenía un paso de 6:00 todavía tenía chance de hacer las 4 horas. Aproveché el kilómetro 30 para animarme un poco y saludar a Yeli, que estaba gritando desde una esquina a medida que me acercaba.

Un minuto después veo que está corriendo a mi lado y preguntándome: “¿Cómo te sientes? ¡Ya no te queda nada! ¡Qué bien vas!” Yo le respondo que me sentía bien pero ya empezaba a estar agotado. Pero nadie dijo que esto iba a ser fácil.

La vi alejarse mientras yo seguía adelante.

En eso continué y me quedé con eso en la cabeza: no es fácil, pero tampoco imposible. Así que me dije a mí mismo: es el 30, solo 2 kilómetros y quedan los últimos 10 kilómetros. Ya lo tienes.

Cuando leía de la gente que se encontraba la pared en el kilómetro 30 no lo creía. Pensaba que iban muy rápido o no entrenaron lo suficiente. Un poco inocente de mi parte. Lo cierto es que me la encontré, y es bastante grande. Hay que ser muy inteligente en cómo afrontarla.

Recuerdo una media maratón en la que intenté presionar mucho más allá de lo que mi cuerpo respondía y estuve a nada de no poderla terminar, con calambres y teniendo que parar y caminar. No pensaba repetir la misma historia. Así que me dije: vamos kilómetro a kilómetro, no pasa nada, podemos probar si aceleramos o no.

Llegué al kilómetro 35, ya con sombra. Solo quedan 7. Vamos, Walter, tú puedes. Aquí las piernas eran dos bloques. Mi cerebro quería presionar, quería ir más rápido, pero no podía. Sin embargo, podía seguir corriendo.

En este momento empieza de nuevo a haber bastante gente animando y se empieza a sentir cómo todos gritan: “¡Vamos! ¡Ya está ahí la meta!” Yo solo pienso en seguir corriendo, pero es como si estuviera llevando no solo mi cuerpo sino a 3 personas más. En este momento deja de importarme el tiempo. Solo quería seguir corriendo.

Kilómetro 40. No lo puedo creer. Quedan 2 kilómetros. Esto es nada. Es como un calentamiento. Vamos, que ya lo tienes, me decía a mí mismo. La gente animando y muchas personas acelerando mientras yo trataba solo de seguir. Mi cuerpo seguía en modo crucero: lento pero seguro.

Es una sensación bastante curiosa porque tu cuerpo va al límite, pero al mismo tiempo correr desde hace tiempo te hace conocer tu cuerpo, saber si puedes ir más allá o si debes parar. En mi caso sentía que iba en una fina línea entre tener un calambre en el cuádriceps y poder seguir corriendo infinito.

Yo quería correr más rápido, pero mi cuerpo me decía: ni se te ocurra. Lo cierto es que estos últimos 2 kilómetros y 195 metros fueron los mejores. No porque se me hicieran cortos, sino porque solo pensaba en cruzar la meta y poder cerrar mi primer maratón.

A pesar del esfuerzo, mi cuerpo tenía algo guardado y reconoció ese último kilómetro, dejándolo todo en un último sprint hasta la meta.

Tengo que decir que la sensación de llegar es inigualable. Es una mezcla de estar exhausto pero al mismo tiempo inmensamente feliz. Esta carrera me ha enseñado de lo que soy capaz, y documentar cada paso me da las herramientas para saber en qué mejorar para la próxima.

Puedo decir que cumplí 2 de 3 objetivos. Pude terminar la maratón a pesar de la incertidumbre de correr por tanto tiempo. Pude correr de principio a fin, sin parar. Y puedo decir que ya sé qué debo hacer para cumplir ese tercer objetivo: bajar de 4 horas. Solo falta ponerle fecha.

📍 Recorrido

🏃 Activity Stats

🏅 SportRun
📏 Distance42.59 km
⏱️ Moving Time4:10:19
🏎️ Avg Pace5:52 /km
⚡ Best Pace3:52 /km
⛰️ Elevation Gain111 m
❤️ Avg Heart Rate169 bpm
💓 Max Heart Rate176 bpm
🔥 Calories2981 kcal
💪 Suffer Score888
👟 GearNike Vomero plus
👍 Kudos8
Activity photo
Activity photo
Activity photo
Activity photo
Video thumbnail
Activity photo
Activity photo
Activity photo
Activity photo
Activity photo
Activity photo

Responses

  1. Ese tiempo de 4:10 es solo un número; lo que realmente cuenta es que no te detuviste, que escuchaste a tu cuerpo y que cruzaste la meta con el corazón. El proceso te hizo más fuerte! Estoy muy orgullosa de ti. Ahora si que si, eres un maratoniano con todas las letras! 😆

  2. ¡El entrenamiento dio frutos! Parece que terminaste mejor que cuando hiciste media maratón.
    Ahora para el triatlon 😆


Related posts